Tuesday, June 03, 2008

Ascender a una cumbre siempre es más peligroso que pasear por la oficina

Cuando papá se fue de vacaciones hace cuatro semanas, Iñaki Ochoa, Horia y Don seguían subiendo por la pared sur del Annapurna, aquella que papá miraba asombrado, con el corazón en vilo y boquiabierto desde el glaciar una semana antes.

Todo era alegría y emoción. Al mismo tiempo, Edurne, Pauner, Iván Vallejo y sus equipos conquistaban la cima del Dhaulaghiri. Iván conseguía su 14 ochomil, Edurne su décimo y Carlos Pauner su octavo. Además Marta Alejandre se convertia en la primera aragonesa en un ochomil. Edurne decía:
Es difícil poder explicar lo que siento en estos momentos, cansancio, sed, recuerdos y emociones se entremezclan, produciendo una sensación de satisfacción única, lo que si se queda grabado para siempre, son los minutos pasados en la cumbre y la sensación de haber trabajado bien y ahora poder recoger los frutos. Podría ponerme a dar las gracias a mucha gente y por muchas cosas… Pero solo os diré una cosa lo "acompañada" que me he sentido todos estos días y sobre todo hoy, pensando en todos vosotros y con la ayuda de mi equipo, no lo olvidaré nunca… El Dhulagiri, a partir de hoy, también es un poco vuestro, enhorabuena a todos por creer en estos "locos".
En su habitual lucidez, Innaki decía antes de salir hacia la cumbre solos y sin portadores de altura:
Esperamos y miramos al cielo. En cuanto el pronóstico del tiempo sea favorable, saldremos en busca de la cima del Annapurna, lugar mágico donde de nuevo nuestros sueños serán destruidos sin compasión. Nuestros cuerpos, por su parte, se han declarado preparados para lo que se les viene encima sin remedio, aclimatados a la altura inhumana de este gigante de nuestros deseos más… públicos. El proceso de aclimatación a la altitud, que acabamos ahora de finalizar, es siempre una fase ingrata, dura e inevitablemente más larga de lo deseado. Pero me imagino que una vez más nos lo hemos ganado a pulso, tras un mes de estancia en el campo base e innumerables viajes arriba y abajo, cargados como mulos. Les recuerdo, no usamos porteadores de altura, nadie ha de jugarse el bigote por nuestra gloria o a cambio de nuestro vil metal. Sin duda esta es una de las expediciones en las que más he trabajado desde un punto de vista físico, pero ésta es la forja donde se templa el acero que luego nos ha de permitir cabalgar esas aristas colgadas del cielo. El hierro gime y se queja, dice el poeta, pero después se convierte en martillo y en espada. Nos encontramos con buena salud, contentos y motivados, y con el mismo equilibrio espiritual de un gurú, si es que ello es posible, rodeados de uno de los escenarios más hermosos que sea posible encontrar en este planeta.

Creo que una de las numerosas razones por las que practicamos la escalada en el Himalaya es simplemente para purgar de nuestros cuerpos los demonios de la civilización occidental. Me refiero, como algunos de ustedes intuyen, a la soledad no elegida, el hastío, la depresión, el consumismo, el clima político que nos rodea, la violencia, las diversas adicciones posibles y probables, además de los malignos centros comerciales. Todos estos demonios se han quedado directamente en casa, incapaces como son de desplazarse en el espacio hasta aquí. Mientras tanto, sus compañeros el colesterol, el sedentarismo, el aburrimiento y el sobrepeso, que quizás han viajado hasta aquí, están a punto de perecer con saña, sumidos los pobres en los inevitables encantos de la cara sur de esta montaña sin par. Pronto va a empezar un baile salvaje, que dejará nuestros cuerpos limpios y desnudos, privados de todo resto de fuerza, pero cargados hasta los topes de esa energía espiritual rica como pocas, que da cuerda a nuestras vidas sin cicatería alguna. Lo que ustedes pueden hacer por nosotros es enviar fuerza y buenos deseos, rezar si saben o quieren, y quizás dejar de lado por un rato el periódico o el ordenador y salir a dar una vuelta, correr o andar en bicicleta… más que nada, por sacudirse de encima por un rato a esos demonios de los que hablaba, tan poco amigables pero también tan débiles de carácter, los muy cobardes."
La antorcha olímpica alcanzaba esa noche la cima del Everest. Juan Oiarzábal y Roberto Rojo subían también al Makalu, el ochomil número 22 para Juan. Con 69 annos Carlos Soria llegaba al Makalu.

Pero las cosas se empezaron a torcer. La subida al Dhaulagiri tiene algunas placas de hielo y travesías muy expuestas. Rafael Guillén no llegó a hacer cumbre y en la bajada resbaló en una placa. Su companero Dario desaparecía. Descansen en paz.

El 20 de Mayo, Innaki se daba la vuelta a 100 m de la cima y perdía la consciencia a 7400 m. Estaban en una arista sobre la gran pared sur del Annapurna y sin sherpas. A su rescate iban dos suizos y una expedición rusa, helicópteros trataban de salir de Pokhara a pesar del mal tiempo y médicos y alpinistas se acercaban para acometer lo que iba a ser un muy difícil rescate; una auténtica muestra de la solidaridad que se respira en la montana. Finalmente moría este montanero que cuando caminaba creía volar. El suizo Ullie decía en una entrevista:
"Ascender a una cumbre siempre es más peligroso que pasear por la oficina. Iñaki era muy buen alpinista y sabía lo que podía pasar. Pero aunque fuera consciente de los riesgos, seguro que no subió pensando que iba a morir. Nadie hace eso".
Con el alma muy limpia, en un email publicado en Barrabes, Innaki había escrito:
Quiero empezar a devolver a los niños de Asia lo mucho que me han dado en forma de aprendizaje, llamando la atención sobre sus necesidades y recaudando dinero para repartirlo por allí, en un orfanato de Katmandú, en un hospital del norte de Pakistán y en una escuela de Dharamshala, donde los niños tibetanos están exiliados... los tres países por donde yo me he movido...el proyecto se llamaría S.O.S HIMALAYA...

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